Quizá sea tarde, puede que ya no haga falta avisarte de lo obvio, de que algo se ha roto dentro de mí. Y puedo verlo, cuando miro en mi interior veo y siento cada uno de los pedazos, como si de cristales se tratasen. Cada segundo que pasa, a cada paso que doy noto como me voy resquebrajando. Por ello no puedo pedirte que abraces mis trozos, que te cortes y sangres, y que aún así, sonrías.
¿Ahora qué? Cómo curar una herida que ni tan siquiera empieza a cicatrizar, que sigue supurando y que nadie ve; cómo cerrar algo que cada día se va abriendo un poco más, que va pesando a medida que la realidad cae sobre ella; cómo salir sin una mano que te enseñe que todavía hay algo que late dentro de ti, sin desnudarte y volver a empezar...
No hay comentarios:
Publicar un comentario