Enamorarse un poco más de la cuenta, era una mala inversión.
Supongo que era
inevitable, me atrevería a decir incluso predecible. Era ineludible. ¿Os
acordáis del príncipe azul verdad? Pues yo era más del pirata con cara
de malo que daría todo su botín por una persona, que sería capaz de
tirar por la borda cada rincón de su barco, que detrás de esa fachada
casi impenetrable, y con ese toque diría yo borde, se esconde el mayor
de los tesoros.
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